miércoles, agosto 06, 2014

Mantener

La felicidad es el deseo de repetir, escribía Kundera.

Deseo de volver a esos momentos en que nos dolía la barriga de reírnos tirados en la playa sin más, a los fines de semana perfectos con amigos que ya no están en nuestras vidas, a las cenas que se organizaban regularmente con gente que parecía imprescindible, a las tertulias literarias de los martes por la tarde, a los largos paseos en bote por el Guadalquivir, a las clases de inglés recién terminadas.

La naturaleza humana es buscadora de recuerdos, los idealiza y tiende a recrearse en ellos para confirmar lo que anhela, tal vez obviando por instinto la posibilidad de reconocer las felicidades actuales, cerrándose sin querer a admitir futuros inesperados que la descoloquen.

La vida, sin embargo, la real, atolondrada y caótica, se maneja con otros estándares que acogotan al ser humano. Su imprevisibilidad fulmina de raíz esas estratagemas del hombre por atrapar el bienestar mediante rutinas programadas.

El ser más feliz es el que mejor sabe improvisar, el menos apegado a la tierra, el de menos compromisos con el presente; adaptarse así al fluir inconstante de la existencia dejándose el mínimo de rasguños por el camino.

Compatibilizar esa volatilidad vital con unos principios firmes de ética se me antojan las claves reales para triunfar, individualmente y sin trofeos, como persona.

La clave está en no guardar tanta ropa.

Reivindico, con fuerza y convencimiento, el placer del disfrute de los recuerdos, pero lucho por no condicionarme por ellos, porque sé que vendrán situaciones personales extraordinarias que a día de hoy son imposibles de imaginar siquiera.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Pues yo añadiría que ser feliz es aquel que vive y deja vivir. Al que es independiente, al que es fiel a sus ideas. En definitiva al que es plenamente consciente de la brevedad de la vida humana y por tanto aprovecha en cada instante las cosas más simples, aquellas que nos permiten obtener paz interior.
Es más feliz el que no tiene prisa, el que sabe esperar.

Manuel