lunes, agosto 11, 2014

Gran Hermano

De no haber sido porque en un instante me dio por buscar una oferta de fin de semana en Marbella para finales de agosto no me habría dado cuenta.

Estamos preparando con ganas casi infantiles, en este verano en que me tocó trabajar, por vez primera, en Sevilla, nuestro próximo viaje a Nueva York para el mes de octubre, tras varios intentos anulados en años pasados.

Tenemos tantos recuerdos de anteriores viajes que bucear por internet buscando sitios donde alojarnos o proyectando cenas o excursiones futuras supone un juego placentero en que echar horas muertas en estas tardes de agosto en que apenas queda gente conocida en la ciudad.

Había un hotel del que no recordaba el nombre, pero sí que podía acceder a él a través de una página que te conduce a sitios de diseño y alojamientos con cierto glamour llamada Splendia.

El caso es que, tras un rato de apuntar ideas, cerré el ordenador para tirarme en el sofá a pierna suelta.

Fue justo al levantarme, al conectarme de nuevo a Internet para echar un vistazo a la prensa electrónica, cuando encontré que toda la publicidad que me ofrecía la portada de El País, perfectamente entrelazada entre sus titularesvenía resumida por dos grandes ofertas: hoteles de Nueva York a través de la página de Splendia y justo, qué casualidad, el rincón de Marbella que tuve la curiosidad de consultar.

Sí, no me he caído de un guindo, pero no podía imaginar que el Gran Hermano andaba tan cerca ni pude evitar el desconcierto de pensar que ya no existe marcha atrás.

Ya muestra su ojo enorme sin tapujos, indecente, descarado y desafiante.

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