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martes, junio 10, 2014

Distancia

Hay una chica en mi reducidísima clase de inglés que estudia Medicina.

Inquieta, rebelde y detallista, manifiesta sus inquietudes sin filtros a través de cada juego de rol que practicamos en clase para practicar el idioma.

No estoy acostumbrado a tratar con chavales de 20 años y observar a esta chica me hace ver el joven pasional que había en mí en la época universitaria, cuando todo se desenvolvía en el extremo de no entender cómo el mundo podía funcionar tan mal.

Ella, Elena, tiene la fuerza de sus convicciones y el desparpajo de quien reniega del sistema. Una indignada con argumentos pero sin la vida vivida como para contrastarlos, con la pureza de quien critica los desajustes bajo el esquema de la pura lógica, sin matices.

Me gusta escuchar sus teorías infalibles a favor de una sociedad distinta, e incluso la pasión con la que defiende que no podría tener un amigo de derechas.

Yo, de haber vivido otra vida que ya no tendré, ni mejor ni peor, distinta, podría ser padre a estas alturas de una chica de 20 años que estudiase Medicina. De ser ese padre que no seré, estaría encantado de que mi hija se indignara con este sistema lleno de agujeros y podredumbres.

Sin embargo soy quien soy, y en las charlas en inglés en que arreglamos el mundo le intento hacer ver que se puede seguir queriendo cambiar las cosas sin rupturas, con más calma, en los pequeños detalles y en el día a día; más desengañado, quizás, con más sabiduría, seguro. Y ella verá en mí al puretón que explica que, aún siendo una persona progresista convencida y partidario de una mayor justicia social, se puede, ¡vaya si se puede!, tener estupendos amigos de derechas.

1 comentario:

Rafael TORRERO CASTILLA dijo...

Hola Salva, la amistad con mayuscula no tendrá nunca ideologia.Un abrazo