martes, enero 14, 2014

Batiburrillo

Sucede que hay momentos, cuando estamos con las defensas bajas, al despertar por las mañanas o en días tontos en que nos atrapa la soledad, en que nuestra mente comienza a girar como una lavadora, sin orden ni concierto, llevándonos a escenarios o pensamientos perversos en que nos acorrala, bloqueando toda salida hacia lugares menos oscuros.

Nuestra mente como enemiga.

Leí a Viggo Mortensen explicar cómo cada mañana, al abrir los ojos, sudaba sus diez o quince segundos de terror ante la muerte.

En instantes como ésos, seguro que fragilizados por un chorreón de sueños incontrolados, despertamos con nuestra cabeza como un batiburrillo dando cornadas a un lado y a otro; momentos, que no todo el mundo sabe controlar, en los cuales no conseguimos centrarnos en nada ni apartarnos de aquellos desasosiegos que nos machacan a traición.

Creo que una de las claves de las personas más felices es el saber escapar de esas loterías que conducen a nuestro más profundo interior a territorios indeseados, el conocer la tecla que hace que sepamos sortear ese mal fario de regodearnos en la miseria propia.

Hay que sudar los miedos como terapia sana, pero sabiendo encontrar el camino hacia nuestra realidad vital en que somos nosotros los que gestionamos el foco de atención del mundo que nos importa.

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