lunes, septiembre 23, 2013

Hogueras

En el remo, a diferencia de otros deportes, a tu esfuerzo, o desgana, le delatan las hogueras. Pegas la palada y en el agua queda una marca, un remolino de agua, que da cuenta de la fortaleza de cada empuje en función del diámetro que va dejando la estela sobre el río.

Chivatas las hogueras.

Mientras remas tú solo no hay con qué comparar, pero en cuanto tienes a compañeros sabes bien quién se escaquea, o es más débil, el que es irregular, el inconstante, el bravucón... Y te retratas tú.

Cuando se corre, en cambio, la hoguera queda en el aire. Nadie más que tú sabe si estás tirando o no, resultando sencillo dejarse ir, tranquilizando la conciencia del deber cumplido en esa obsesión moderna por controlar los kilos de más.

Es jodido el mundo de los corredores, en un continuo reto de hacer más kilómetros, más rápido, en lucha constante contra la pereza, peleándonos con los demonios que nos dicen que es absurdo ese galopar a ninguna parte, diablos que te ofrecen como espejismos cervezas, paseos, una buena cama, un libro...

En cada uno está el saber si se impulsa con los talones o sólo los utiliza para apoyarse, como en la vida misma. Cada cual encuentra su motivación última para sentirse bien en su propio cuerpo, por uno mismo, por lo que quieres ofrecer de ti, o por un poco de todo ello. Nadie es tan seguro ni tan mezquino.

En uno está saber si hay fuerza y convicción, o si trotamos para creernos vivos, o si somos simplemente mortales de andar por casa.

¡Qué duro es arrancar y qué placentera la ducha del victorioso!

3 comentarios:

Melvin dijo...

Y qué bueno tener la posibilidad de darle alas a la reflexión mientras discurren edificios, árboles o caminos... Y mientras uno olvida que correr es la mejor opción para no correr tanto en la vida... A mi me ayuda a entrar en otro estadio... Y a dejar atrás las prisas...Besotes, amigo.

María dijo...

Y se consigue una comunión entre cuerpo y mente muy agradable que llega, incluso, a crear adicción. Me ha recordado a la novela de Murakami "De qué hablo cuando hablo de correr", y ese paralelismo que establece el autor entre la práctica de este deporte y escribir: superados los obstáculos, todo fluye naturalmente..............

Anónimo dijo...

Desde que le leí en "Anchoa es el rey" entro cada cierto tiempo en su blog. Le reconozco maestría en describir la cptidianeidad y aunque discrepemos en algunos puntos de vista existen muchos puntos en común. Sus relatos me han despertado nostalgia, enfado, alegría...pero sobre todo son un bálsamo a la soledad intersemanal que uno mal lleva.
PD. Personalmente prefiero la bici, que además te lleva. Y si es de montaña mucho mejor.
Un saludo