sábado, enero 28, 2012

Desmentir

En mi condición de niño repelente y sabiondo con que llegué al mundo, una de las primeras cuestiones en que me educó mi padre fue en la de no llevar la contraria en público por detalles de escasa importancia.

Es muy desagradable que tú estés contando una historia que para ti supone algo sentido, que te duele, te afecta o te apasiona y haya quien esté cortando tu exposición para corregir cifras:

'No es verdad, había 17 personas, no 20'.

'No fue así, ibas en el coche de tu padre, no en el tuyo'.

Al haber tenido la suerte de ser educado así, soy especialmente sensible a la poca elegancia que lleva en sí el hecho de desmentir, por desmentir, en público.

Apasionado que soy en mis relatos acerca de lo divino y lo humano, o apasionado al escuchar a otros contar historias íntimas o divertidísimas, me desespero con quien por llamar la atención interrumpe constantemente al narrador para desmentir por tonterías, hacer perder el pie, poner en situación incómoda, tratar de enrojecer.

No hay nada más hermoso que oír, preguntar, aclarar, conversar, retener, dialogar sin tener que tener a 'pepitos grillo' improductivos poniendo continuamente los puntos sobre las íes.

Hay quien nace desde pequeño sin mano izquierda.

Si realmente alguien miente, ¡desmiente!.

Si alguien se adorna, exagera, introduce pasión o rapidez en las historias, en el interlocutor está saber entenderlo y luego, en un aparte, hacerle ver sus despistes más o menos rebuscados.

1 comentario:

Anónimo dijo...

De acuerdo contigo, Salvador. Es como igual de incómodo que el pepito grillo que siempre está corrigiendo delante de toda reunión y a todos los reunidos cualquier palabra no bien dicha o bien pronunciada. Hay que empezar a quitar esas malas costumbres a los pepitos grillo.

Un saludo
Fran