viernes, agosto 21, 2009

Dormir otra vida

La gente que me quiere se ríe de mi lado dormilón.

Soy capaz de dormir encima de un árbol, echarme una siesta a las nueve de la noche, aunque sea diez minutos, o volando en un avión, o tirado en la playa… con suma facilidad. Además, no me resisto.

Está en su derecho quien defiende la teoría de que dormir es perder el tiempo, años de vida si vas sumando la hora de más que permaneces ‘desconectado’.

Yo soy de los que disfrutan esa otra vida. Cada día al despertar recuerdo todo.

Mi otra vida me permite seguir en contacto con mi madre, muerta a mis dieciocho años, que me visita con frecuencia. Sigo charlando con mi amigo Quino, de la época universitaria, con Gregorio, mi amigo inseparable del colegio al que hace tantísimo tiempo que le perdí la pista, con los hijos madrileños de mi tía Elo; viajo a épocas felices de veraneo en las playas de Huelva, a mis años de remo las mañanas de los domingos por el Guadalquivir. De pronto, en mis sueños estoy enamorado de Mariángeles, o leyéndole 1984 de Orwell a Mariló, tumbados junto al mar.

A veces despierto pensando por qué se repiten en mi otra vida determinadas imágenes. ¿Por qué siempre tengo asignaturas pendientes en la universidad, cuando saqué mi título en el 94?, ¿por qué aparezco tantas veces desnudo en reuniones de trabajo?, ¿por qué siempre me enfado con mi hermana Raquel, con la que me llevo tan bien en mi vida real?, ¿por qué se caen tantos aviones en ese otro lado del espejo?...

Hay quien piensa que la calidad de tus sueños depende de no haber comido una cena pesada un rato antes (y está demostrado que tras un buen plato nocturno de chorizos y morcillas hay pesadillas). Seguro que hay explicaciones neuronales que demuestran que nuestros sueños no son más que ‘puestas a cero’ de la información acumulada durante el día.

Yo, en cambio, vagabundeo por librerías buscando información, indago por internet para obtener respuestas, leo artículos en prensa y compruebo que, a pesar de estar ya en el siglo XXI, nadie ha podido aún desmontar mi ilusión por creer que gran parte de nuestra espiritualidad se manifiesta en ese otro lado, allí donde viajamos sin preguntar.

2 comentarios:

nosequé dijo...

Soñé que subía al cielo y vi a mis padres. Ese día al despertar, fui feliz.
Forma parte de una vida mejor, el soñar.

Anónimo dijo...

Escucha en youtube a Bashar hablar sobre los sueños. Quizá te reafirme más en cosas que ya sabes. Un saludo.