lunes, septiembre 12, 2016

Ego

Ser un buen patriota es querer a tu país por haber nacido en él. Así pienso. Es obsceno pensar que tu país es mejor por ser el tuyo, no lo elegiste tú. Es como la familia de uno: la quieres porque es la tuya, no porque sea impecable. La quieres con sus momentazos y sus miserias, y siempre haces lo posible por que vaya a mejor, en lo económico, en lo social, en lo afectivo.

Así entiendo yo mi cariño por España. La quiero porque me tocó nacer aquí. Y quiero que mejore porque es el lugar de los míos.

El problema es cuando se alardea de país porque uno piensa que es 'el más guay', el de la sociedad más avanzada, los que trabajan de verdad, los que ganan más medallas, los que no tienen nada que aprender de los vecinos, ni nada que compartir.

Mucho de eso hay en los nacionalismos más rancios. El Brexit no es sino eso, un egocéntrico canto a la supremacía de un pueblo que se considera elegido y no quiere que otros, los otros, le digan cómo tienen que hacer las cosas, ni desea compartir su riqueza con esos que no son tan brillantes como ellos.

El nacionalismo se entiende cuando se mimetiza al plano individual. Yo, guapo, alto y bien situado, no tengo por qué ser solidario con quien no lo es. Los que me rodean son sanguijuelas que se arriman a mí por lo que yo les aporto.

No se dan cuenta los nacionalistas de que nadie es más que nadie y de que los egocéntricos que sólo saben mirarse al espejo acaban por quedarse solos, hipnotizados con una belleza que acabarán viendo ellos solos.

Yo coloco una bandera con una estrella en mi balcón para decir a los que no tienen mi sangre que aquí hay un patriota que no quiere a su país por ser el que le vio nacer, sino porque es el mejor país entre los países, y tú, pobre diablo, no has tenido esa suerte.

Yo me quedo con el balcón con macetas y una mesa para observar a la gente pasar. ¡Qué gusto! 

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