miércoles, julio 16, 2008

Injusta belleza

Cuando hablamos frente a frente vemos carne, pelo y ojos en el otro; cuando recordamos a alguien se nos viene a la mente una figura, una expresión, un rostro. Hacemos fotos de masa humana, vestida o sin vestir, para almacenarlas en bibliotecas de recuerdos más o menos visitadas.

Nos desarma una sonrisa de dientes blancos simétricos y desconfíamos del bizco, del calvo, del gordo. Unos ojos azules ganan puntos, unos centímetros de más también. Más barriga los quitan, más pecho los dan.

Ante dos personas mediocres, damos nuestra confianza a la mejor trazada por la naturaleza.

Quien es guapo lo sabe y lo utiliza, y está en su derecho de hacerlo.

¡Qué enlace más alejado con lo que hay realmente en nuestro interior! Extraño juego el de ese caparazón que arrastramos con suerte dispar, que nos define, determina, encorseta. Gente que siente como cárceles su cuerpo, como castigo sus facciones.

Tampoco al nacer se nos permite elegir nuestro intelecto, sensibilidad o fortaleza de carácter, aunque son cualidades quizás menos complicadas de trabajar o justificar, de hacerlas evolucionar sin ser rehenes de una mesa de quirófano.

La persona guapa tiene un don. No es posible negarlo. En ella está el saberse con ese talento y usarlo bien.

Del mismo modo que la belleza aporta felicidad y autoestima, conlleva consigo una maldición. Y todos la conocemos: Cuanto más hermoso es alguien, más duda tendrá esa persona acerca del verdadero amor con que el mundo exterior le obsequia.

Cuanto más sublime la belleza, más frágiles los cimientos del cariño desinteresado recibido.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Tenemos pánico a mostrar nuestros cuerpos desnudos, nos sentimos ridículos e inseguros. Millones de personas desnudan su alma en los chats, protegidos por la ausencia de una imagen que les haga vulnerables. Cuando vemos a un amigo después de varios años lo primero que pensamos es que está mas gordo, mas calvo, mas arrugado....Probablemente esos kilos sean directamente proporcionales a su madurez como persona, su seguridad en si mismo, su estabilidad emocional. Con cada cabello perdido se habrá librado de prejuicios absurdos. El que se resiste al cambio de su cuerpo tras los años demuestra inseguridad, el miedo al cambio es una falta de madurez. Pero la realidad es que ¿Cuanta gente es capaz de apreciar la esencia y no quedarse en la imagen cuando vuelve a ver a un amigo de la juventud?.
El cuerpo nos esclaviza, quizá por eso hemos sido creados como seres sexuales, el placer del sexo hace que merezca la pena esta cárcel corpórea.
ARAS