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miércoles, julio 31, 2024

Cervezas

Conozco dos lugares en el mundo donde te poner la mejor cerveza helada, Sevilla y Tokio.

Era verano, acabábamos de aterrizar en Japón y yo miraba la mirada de Fran. Era su primera vez y para mí el disfrute era observar sus reacciones. 

En cuanto el autobús nos dejó en el hotel, salimos escopetados a recorrer la ciudad. Era mediodía. Los ejecutivos, todos vestidos de camisa blanca y pantalones azules, se desplegaban por los restaurantes del barrio de negocios en el que nos alojábamos.

—¿Sabríamos llegar al sitio de las cervezas heladas? —le preguntaba la otra noche a Fran, rememorando aquel viaje.

Los dos concluimos que sí, que sabríamos encontrar el camino hacia ese restaurante con escalones en la entrada y mesas separadas por tabiques de madera donde nos reímos tanto.

Google

—Sí, hombre. Es rubia, muy alta, hizo una película de ciencia-ficción con este que sale en el anuncio, el de Juego de Tronos, que publicó unas fotos que se hicieron virales en esa ciudad del sur de Francia que estuvo de moda cuando grabaron el anuncio de la marca esta de perfumes...

—¡Búscalo en Google!

Todo está en Google, el que nos saca de mil apuros, completísimo y fácil de usar. 

El problema es que no nos deja ejercitar la gimnasia, tan sana, de rebuscar entre nuestras neuronas aquello que sabemos que tenemos grabado.

¿Se nos irán borrando nuestros conocimientos de no hacer por encontrarlos?

Yo puedo levantarme de una mesa por no escuchar quién era esa rubia de la película de ciencia-ficción y encerrarme, en silencio, a averiguarlo. No sé cómo de productivo es para mi salud cerebral, aunque entiendo que sí es bueno forzarnos a no tirar siempre por el atajo.

—¡Ya sé quién es!

Hay felicidades tontas.

martes, julio 30, 2024

Achicharradinho

Hemos encontrado nuestro paraíso en una playa de difícil acceso de Ferragudo, frente a la marina de Portimão.

Con espacio más que sobrado para poder leer sin tener que estar pendientes de un balonazo ni estar obligados a escuchar las conversaciones de los de la toalla de al lado, vuelves a reconciliarte con el olvidado placer de leer, bañarte, adormilarte, charlar y tomar el sol.

Muy adecuado a su nombre, allí hemos encontrado un chiringuito rudimentario, de los de antes, con mesas de patas en la arena, que hace honor a su nombre, 'El escondidinho'.

La señora que nos atiende, seca y simpática por igual, nos riñe cada vez que pedimos de comer. 

¿Eso vais a pedir otra vez?

La primera vez que fuimos, hace unos meses, nos puso un calamar chamuscado y decidimos no volver. Decidimos darle otra oportunidad, hasta que hoy nos puso unas sardinas negras como el carbón.

Lo perdonamos. Queda por encima el placer de sentirnos en el paraíso.

Basta con cambiarle el nombre al chiringuito, 'El achicharradinho'.


lunes, julio 29, 2024

Fluidos

Era una asignatura tan difícil que cursé mis primeros cursos de ingeniería con el convencimiento de que nunca podría acabar la carrera.

Me asomaba, en los tiempos muertos, al tablón de los alumnos de Tercero, por ver si habían salido las notas de Mecánica de Fluidos. El día que aparecían contabilizaba el número, ínfimo, de aprobados. Era una montaña que no podría atravesar, antes siquiera de saber de qué iba esa materia.

Las clases de Fluidos resultaron ser entretenidísimas, el profesor todo un comunicador, las fórmulas en la pizarra, sin embargo, se hacían infinitas y los exámenes, con libertad para llevar todos los apuntes que quisieras contigo, un desafío imponente como la montaña que yo imaginaba.

Tras varios intentos fallidos, llegó el día en el que me tocó aparecer en el tablón. ¡Aprobado!

Salí pitando para contarlo en casa. Mientras quitaba el candado a la moto apareció un compañero corriendo.

¿Han salido las notas de Fluidos? Asentí con la cabeza. ¿Y qué?

He sacado un cinco le dije.

Y al oírme, me mareé.

Yo pienso

Pienso que no somos conscientes de la importancia de empezar las frases por la palabra con la que inicio este texto.

Si fuéramos sabedores de los beneficios que conlleva ese hábito al hablar, lo usaríamos más a menudo.

Primero por implicar humildad, la que proviene de no sentar cátedra con cada uno de tus pensamientos lanzados al aire.

Segundo, por pura inteligencia emocional. Cuando uno categoriza sobre algo, cierra las puertas al otro a expresarse con total libertad.

Tercero, por ganar en credibilidad. La duda es la más certeras de las posiciones, porque existen pocas verdades absolutas.

'Pienso que las cosas son así' es mucho más sano que decir 'las cosas son así'.

Reírse

De muy jovencillo estaba obsesionado con mi nariz. La veía enorme comparada con la de mis amigos.

Con el tiempo, el complejo de la nariz se vino a convertir en amargura por la caída del pelo. Sé que no tenía ni dieciocho años, porque recuerdo comentárselo a mi madre, que trató de quitarle importancia. Ella murió a los pocos días de yo llegar a la mayoría de edad.

Aunque fui quitando de entre mis neuras la nariz y la calvicie, cualquier mención que hicieran a ello me volvía a meter en el agujero.

Pasé por la fase de ir quitándole importancia, muy poco a poco, hasta que yo mismo empecé a hacer bromas de ello.

Es, en ese punto, cuando te ríes de ti mismo, cuando estás sanado.

miércoles, julio 24, 2024

Odio

A veces se me olvida a quien tengo que odiar.

Soy especialista en eso.

Ayuda mi poca memoria y el despiste con el que nací.

Cruzaba una avenida y la vi de frente.

—¿Cómo estás? —le pregunté.

Le lancé dos besos. A los que ella me correspondió.

—¿Cómo va todo, Salva?

—Muy bien, ¿y tú?

Dos calles más adelante me di cuenta quien era y pensé, 'la acabo de volver loca'.

Abuelo

La muerte de mi abuelo materno fue el primer episodio que me impresionó.

Yo tendría seis años.

Sobre todo me afectó la tristeza sin consuelo de mi madre.

Sin pensarlo, una tarde me acerqué a su habitación y me inventé una historia, porque no sabía como decirle que su dolor era también el mío.

Mamá, ¿sabes qué? Hoy he soñado que jugaba con el abuelo.

Ella me abrazó y rompió a llorar. 

Nunca le dije que me lo inventé.

Santo

Nadie nos cae bien todo el tiempo, ni el mejor de nuestros amigos, ni el más admirado de nuestros ídolos.

Algo tan evidente nos cuesta aplicárnoslo a nosotros mismos y nos molestamos por algunas caras largas que nos puedan poner.

Es bueno querer gustar, por mucho que se critique. A mí me gusta gustar. Caer bien. Ser amable. ¡Claro que sí!

Eso no entra en contradicción con la asunción, noble, de que hasta mi mismo marido habrá días en los que me quiera asesinar.

Quiero ser bueno, no santo.

Freidora

Me cuido mucho con la alimentación, sin obsesiones, pero muero con los filetes empanados.

Habíamos apagado el extractor de humo y Fran se fue a dormir la siesta. Yo intenté aguantar, pero el cuerpo me pedía descansar, así que me eché en el sofá. Todo el salón olía a aceite. Me levanté, abrí ventanas, coloqué el extractor de nuevo, pese al ruido. Me tumbé de nuevo.

Nada, el olor no terminaba de desaparecer.

Entonces me fui a nuestros veranos en la playa, cerré los ojos pensando en esa cocina enorme donde salían filetes empanados uno tras otro, las risas de esos tiempos.

Me dormí oliendo a mi infancia.

Analfabeto

Tuve mi primer sexo cuando acababa la universidad.

Tras soñar mil veces con ese momento, llegó de la forma más inesperada. Era verano, caminaba por la Avenida y me crucé con un hombre frente al edificio de Correos, que me miró.

Me detuve y giré la cabeza. Él se detuvo y vino hacia mí.

Yo me puse tan nervioso que tuve que sentarme en el escalón de un portal. Él se sentó a mi lado. Tenía diez años más que yo. Me invitó a su casa.

Está cerca de aquí.

Recuerdo que fuimos a por mi vespa, que me tomé el primer y último porro de mi vida en su azotea, y que le dije que tan solo necesitaba un abrazo.

Fue delicado conmigo, mientras yo temblaba, ¡me dio ese abrazo!, me desnudó, me acercó a su habitación.

No hay ninguna prisa.

Nunca lo volví a ver, nunca lo olvidaré.

lunes, julio 22, 2024

Olimpíadas

Mi primer amor hacia un hombre fue por correspondencia.

Oculto en mi doble vida, acudía a un apartado de correos para recibir respuestas a anuncios de contactos en revistas de segunda mano. Iba a diario, a la otra punta de Sevilla, en mi vespa, para casi siempre toparme con la decepción de un cajetín vacío de cartas de vuelta.

Llegó entonces el sobre con matasellos de Ribes de Fresser, en el pirineo gerundense. Un chaval bellísimo, por dentro y por fuera, me escribía un mensaje de amor.

Nos escribimos durante meses, hasta que vi la oportunidad en las Olimpíadas de Barcelona. Unos amigos de la universidad iban a disfrutarlas a casa de unos familiares. Así que allí me acoplé. Tenía la excusa perfecta. Mi familia me hacía en Barcelona. Y de Barcelona desaparecí. Hacia el Pirineo.

Fueron días maravillosos, pero no tuve valor de partir mi vida en dos.

Pudo el miedo.

Me quedaba una carrera de ingeniería por terminar y una doble vida por romper.

Mis lágrimas en el tren de vuelta eran gordas como granos de arroz.

—¿Qué tal las Olimpíadas? —me preguntaba todo el mundo al llegar a Sevilla—. ¡Qué suerte haber estado allí!

—Divertidísimas.


Incomprensible

Tengo un wasap conmigo mismo para mi última novela y otro más para mis textos.

Así que, cuando un personaje se me pone flamenco, me envío un mensaje para recordar su travesura; de la misma forma que al contemplar alguna escena que me hace reflexionar, me escribo un par de palabras clave para poder desarrollarlo en mis textos de cada tarde que comparto contigo.

La cuestión es que, con la emoción de lo vivido, soy tan críptico que no entiendo lo que me quería decir a mí mismo. Reviso mi móvil y leo 'patata, sarampión, alerta'.

¿Qué diantres me ocurrió? ¿Qué fue lo que vi? ¿De qué conversación lo saqué?

Al menear esas tres palabras en mi memoria de pez, no consigo llegar al instante en el que las escribí, pues bien pudieron haberse quedado rezagadas en mi teléfono desde hace dos o tres años.

Entonces me surgen los textos más divertidos, porque me niego a dejar en el olvido ese momento en el que decidí que la alerta por una patata con sarampión me invitó a escribir unas palabras para ti.

Mágicas

Hay miradas mágicas. 

No se producen todos los días, ni tan siquiera todos los años. No tienen que ver, casi nunca, con el sexo ni con la seducción.

Son dos anónimos que, de golpe, se descubren. No importa el lugar, no implica nada más allá y siempre llega de improviso; es un simple cruce de miradas en el que dos personas se observan con una intensidad brutal, aun sin durar un segundo ese instante de conexión.

Son difíciles de encontrar porque tienen que coincidir, en ese momento, que las puertas del alma de los dos estén abiertas para permitirse asomarse al precipicio de otro ser humano del que no sabías nada.

Luego, la vida sigue. 

Con los colores mucho más vivos.

sábado, julio 20, 2024

Frugalidad

Tener tallas similares, y ser hombres los dos, hace que compartamos la ropa y el armario.

Cuando salta la discusión de quién gestiona mejor el vestuario, siempre pensamos que uno tiene la razón, así que el otro día se puso manos a la obra Fran y me hizo enrojecer.

Tengo el doble de pantalones y el triple de camisas que él.

Así que aproveché una semana que él pasó con sus padres en la playa para preparar un gran bolsón con ropa para donar.

Ahora he pasado al otro extremo y mi lado del ropero se ha vuelto raquítico.

Definitivamente, prefiero la frugalidad. 

Crepes

A menudo, las tardes de paseo nos piden un chute de azúcar.

Íbamos paseando por Tánger y a Fran, a la vista de la atmósfera afrancesada de sus grandes bulevares, se le antojó un crepe de chocolate. Así que bajamos al paseo marítimo, remozado, amplísimo, bordeando una playa de arena fina, y buscamos un sitio donde encontrar su antojo.

¿Qué desean? nos preguntó, raudo, un camarero al detenernos frente a su local.

¿Tienen crepes?

¡Claro que sí!

Rápidamente nos preparó una mesa, nos dio agua, colocó cubiertos, se interesó por saber de dónde éramos.

¿Sevilla? ¡Maravillosa!

Cuando ya nos tenía instalados, y camelados, nos trajo la carta.

No hace falta aclaró Fran, queremos unos crepes de chocolate.

Nos respondió con una sonrisa, entró y salió varias veces de la barra. Nos dijo que hacían un café riquísimo. 

No tienen crepes, ¿verdad?

—Verás, amigo... tenemos comida muy buena.

Cualquiera se iba de allí...

viernes, julio 19, 2024

Superpoder

Yo tengo el superpoder de crearme la felicidad.

Lo que me falta, qué rabia, es hacer que se mantenga en el tiempo.

El caso es que conozco los ingredientes y sé mezclarlos en las dosis justas para provocar un cosquilleo en mi cabeza, ése que se convierte en la mejor prueba del placer físico, donde el cuerpo se une con lo intangible, instantes en los que me olvido del ajetreo del mundo mundial para volar en mi propia esfera.

Lo consigo al desayunar, al ducharme, en el trabajo, dando un paseo, tirado en el sofá o agarrado a Fran. Apenas necesito pequeños trucos mentales de puro autoconocimiento, diferentes y adaptados a cada situación, para poder flotar. Sé dónde tengo que buscar en mí.

La felicidad, más veces de las que pensamos, hay que currársela.

El único problema es que la burbuja se rompe y, de pronto, entra de nuevo el ruido de la realidad.

Silvia

Se dice que ofende quien puede, pero incluso ante esos que buscan el daño ajeno se les puede hacer frente con una sonrisa.

Me contaba hace unos días la dueña de uno de nuestros restaurantes favoritos que recibió un comentario ofensivo de un conocido, ya octogenario.

—Estás mucho más gorda.

Ella reaccionó con arte, sin abandonar el buen gesto.

—Es verdad, pero aún me queda para estar como tu hija.

Hay veces que se disfruta pagando con la propia medicina.


jueves, julio 18, 2024

Toros

Enamorados de Ronda, la última de las muchas veces que estuvimos allí decidimos apuntarnos a una visita en grupo.

En la puerta de la iglesia de la Merced nos esperaba la guía turística, una mujer de trato impecable que supo captar nuestra atención durante las casi dos horas de recorrido por la bellísima ciudad malagueña.

Justo al comenzar, tras interesarse por la procedencia de los que la íbamos a acompañarla, de diversos puntos de España e Hispanoamérica, nos explicó los orígenes de la plaza de toros.

¿Cuántos sois amantes de la fiesta?

Para mi sorpresa, y alegría, todo hay que decirlo, nadie levantó la mano. Para cerciorarse, ella insistió en preguntar a cada grupo. Sevillanos, valencianos, madrileños, asturianos, catalanes, manchegos... Ninguno, de entre los treinta que participábamos, nos mostramos interesados en los toros. 

No hubo salidas de tono ni exabruptos, solo indiferencia.

martes, julio 16, 2024

Manchas

En una cocina reluciente, limpias una mancha en cuanto se derrama algo. 

Cuando la cocina es un desastre, no corres a por un trapo cuando salta el aceite de la sartén.

Las manchas siempre van a caer, es ley de vida, el problema es cuando está todo tan sucio que da igual un borrón más o menos.

Es por eso que soy partidario de la frugalidad, porque cuantos menos trastos tienes por medio más fácil es mantener en buen estado tu entorno. Pocas cosas, limpias y en su sitio para no dejarte llevar por el caos.

Se está mucho más en sintonía cuando no hay cachivaches de por medio.

Quien habla de cocina, habla de la vida.

lunes, julio 15, 2024

Buenismo

Parece que está de moda pensar que todo el mundo es retorcido y que nuestra civilización se va al garete.

Los que estimamos que una sociedad más justa es posible somos tachados tanto de inocentes como de peligrosos, porque el futuro es negro sí o sí.

A todos los que creemos en la capacidad de la sociedad para no pervertirse se nos mete en el saco del 'buenismo' y se nos perdona la vida.

Yo, curtido en mil decepciones, como todo ser humano, no dejaré nunca de creer en nuestra inteligencia colectiva para sortear los más negros augurios.

Si no lo pensara, me costaría vivir con alegría.

Personas vitamina

Descubrí este concepto hace poco, al escuchar a una psiquiatra.

Existen las 'personas vitamina', decía ella.

Sí. Esas que te aportan un plus de satisfacción, aquellas que te iluminan el día con su sola presencia, las que te hablan mirándote a los ojos y te escuchan sin dejar de poner toda la atención en ti; las que se ríen sin poses, las que saben emocionarse sin vergüenzas.

Esta psiquiatra decía que una persona caótica, siempre lo será y una persona dramática, también, porque su entorno natural es el caos o el drama, y si no lo tienen, lo provocan.

La persona vitamina, en cambio, es una persona de luz.

Al escucharla, me lo apliqué a mi vida personal y me di cuenta de que sí, de que siempre quiero quedar con mis amigos vitamina.

Tan peligroso es ir lento como rápido

Cuando viajas mucho en carretera te das cuenta que tan peligroso resulta ir más rápido como más lento, sobre todo si el camino lo realizas por nacionales.

Lo que ocurre es que el más lento no pone en peligro su vida, sino las de los demás. Cuando ves una carretera bloqueada por alguien que va a 50 cuando el límite es de 90, compruebas que ese conductor obliga a todos los que están detrás a realizar adelantamientos que, muchas veces, rozan las condiciones de seguridad.

Así va mucha gente por la vida, con apariencia de prudente, sin importarle cómo afecte su comportamiento a los demás. Personas que solo piensan en su propio confort y, a los demás, que les den.

Esos que envenenan las relaciones con sutilezas y luego se hacen los sorprendidos cuando las relaciones se pudren.

Me asustan mucho los suavones.

viernes, julio 12, 2024

Hay que ir

Recuerdo un consejo muy sencillo de mi madre:

—Borete, hay momentos en los que tienes que estar, aunque no te guste.

Mi tendencia a meterme dentro de mí mismo cuando era pequeño me hacía evitar todo contacto social. ¡Quién me ha visto y quién me ve! Lo cierto es que se me hacía un mundo acudir, refunfuñando, a determinados eventos.

El tiempo, no hay mejor maestro, dio la razón a mi madre. Por mucho que no apetezca, no puedes no estar cuando la situación lo requiere de verdad.

Es el olfato, cuando te conviertes en una persona madura, el que te dice si tu presencia es necesaria o no.

Uno se hace grande, en el más noble sentido de la palabra, cuando lo asume.

No vale no estar.

Primera sesión

A mí, como a la mayoría, nos han ido sacando de la zona de comfort a empujones.

Mis romances con la felicidad tienen mucho que ver con escenas que hubiera querido que se repitieran de por vida, pero las cervezas en el Cancún empezaron a desvanecerse conforme mis amigos se echaban novias, los veranos en La Antilla se acabaron cuando la familia se dispersó, los entrenamientos en el Guadalquivir se fueron cancelando en cuanto tenía que elegir entre el remo o la universidad.

Recuerdo como especialmente gloriosos los sábados al mediodía, siendo muy pequeño, cuando terminábamos de comer y nos tirábamos en el suelo fresquito del salón, con cojines repartidos por el suelo, para empezar a ver la película de la semana, ¡Primera sesión!

Casi siempre de vaqueros, acabábamos todos los hermanos dormidos mientras los tiros y puñetazos se mezclaban entre nuestros sueños infantiles.

No éramos conscientes de nuestra felicidad.

jueves, julio 11, 2024

Ultra

Ha envenenado con tanta propaganda nuestras vidas la ultraderecha, que reclamar más vivienda pública o mejor atención en los centros de salud se califica como una demanda comunista por esa parte de la sociedad, cada vez más numerosa, que tiene alergia a la justicia social.

Se ha desplazado todo tanto al extremo de la insensibilidad social, que cualquier chaval con una piel mínimamente oscura ya es un potencial violador.

Es más necesario que nunca que, los que creemos en los derechos de las minorías, en la importancia de lo público, en el respeto al medio ambiente y en la fuerza de las políticas de solidaridad, sigamos levantando la voz.

Quiero vivir en un mundo decente, por muchos lectores que pueda perder por gritarlo.

Maleta

A los pocos meses de empezar nuestra relación, le propuse a Fran que se viniera a vivir conmigo.

No era una decisión sencilla, por entonces él vivía en Sevilla y yo en París.

Para nuestra felicidad, me dijo que sí.

Con los nervios a flor de piel, lo recibí en el aeropuerto de Orly una tarde de un invierno que ya acababa. Ya tenía su hueco en el armario y el espacio para sus cremas en el baño. Nos dimos un beso de los que no se olvidan en cuanto aterrizó.

Ya llegados al parking, abrí el maletero del coche.

¿Y tu maleta?

Salimos corriendo de vuelta al aeropuerto. Su equipaje daba vueltas en solitario sobre la cinta transportadora.

miércoles, julio 10, 2024

Sofocón

Un desacierto por mi parte, sin mala intención, provocó estos días un sofocón tremendo a mi hermana Mónica.

Pese a mis disculpas, aceptadas por ella, sus lágrimas al otro lado del teléfono me dejaron sin dormir.

No quiero hablar más del temazanjó, con buenas palabras.

Esperé su mensaje al día siguiente, que intuía que llegaría. En mi respuesta, lamenté, de nuevo, el disgusto y su tristeza.

Yo te quiero mucho me dijo.

Y yo a ti. No lo dudes nunca.

Cuando el amor es verdadero, hay que curar las heridas en cuanto aparecen.

domingo, julio 07, 2024

La mala educación

No hace mucho acabé por asumir una realidad con la que viviré hasta mi muerte: la mala educación de nuestra sociedad.

Me gustaría desprenderme de mi elevada sensibilidad ante el inacabable listado diario de personas irrespetuosas que nos hacen la vida mucho más fea de lo que en realidad podría ser.

Pese a las sonrisas, los buenos gestos, la alegría de muchos de quienes me rodean, no tengo capacidad para obviar al que grita, al que chulea, al que mira mal, al enteradillo, al egoísta.

Lucho por invisibilizarlos, para siempre fracasar.

Cuesta trabajo convivir entre personas que no saben que conviven con otras personas.

Conducir

El otro día descubrí una razón más por la que me gusta conducir.

Amante de escapar a cualquier sitio con la libertad que da el hacerlo con tu propio coche, sobre la marcha y por las rutas que apetezcan, prefiero ser el piloto, aunque eso bloquee la posibilidad de fijar la mirada en la torre de un pueblo perdido en mitad de la sierra.

Con música, con noticias o en silencio, avanzar por una carretera es un ejercicio de introspección cuando te toca llevar el volante.

Ahí está la clave de mi descubrimiento, conducir implica no tener un móvil encima para sumergirte en mundos lejanos a los territorios que recorres. A ese punto he llegado. Ir de copiloto dejó de ser hace tiempo una actividad pasiva de dejarse sorprender por paisajes, para convertirse en un monólogo del teléfono hacia ti, que te hace el camino más rápido, incluso más divertido e interesante, a costa de romper conversaciones, reflexiones e idas de olla, tan necesarias.

—¡Déjame conducir a mí! —pido, con cierta ansiedad.

Que quiero perderme en mí mismo durante un par de horas.

miércoles, julio 03, 2024

Cursi

Yo reivindico lo cursi, ya que parece que así llaman a todo lo que tenga que ver con el amor.

Me manifiesto a favor de abrir el corazón a las emociones nobles. A no ocultarlas. A liberarse del qué dirán. Pasamos la vida criticando a éste y aquél y poquísimo tiempo hablando de lo maravillosa que es esa otra persona.

Esta sociedad se molesta con los besos, las alegrías y las expresiones de amor.

Miran mal a quien dice algo bonito.

Por donde quiera que vayas, el lenguaje que predomina es chabacano, faltón, grosero. Andamos todos tirándonos cosas a la cabeza y evitamos hablar bien de nadie, decir que algo nos emociona, mostrar pasión por lo conmovedor.

Reniego del lenguaje y los modos en los que hemos sido educados, los de la contención.

Prefiero ser cursi antes que ocultar lo emocional, porque estoy convencido de que el amor es el único motor que hace avanzar al ser humano.

Recuerdo el entierro de mi madre, a mis 18 años, con ella en un ataúd a dos metros de la familia y yo destrozado de dolor. Alguien, que me quería bien, se me acercó para insinuarme que estaba dando un espectáculo con tanto llanto.

Yo me metí para dentro, dentro de mí, hasta atragantarme con mi propio sufrimiento.

Muchas veces ha vuelto a mi cabeza esa escena, de esa persona, susurrándome:

Borete, ya vale de llorar así.

Me arrepiento de no haberle respondido:

Así, ¿cómo? ¿Cómo si se hubiese muerto mi madre?

martes, julio 02, 2024

Aparición

El pasado jueves acudí al lanzamiento de un libro de arquitectura publicado por un nieto de Emi.

—¡Borete! —Fue verme y emocionarse.

Amiga de mi madre desde la juventud, Emi mantiene la belleza de esos maravillosos años en los que compartía vacaciones con nosotros. Como si fuera ayer cuando se bañaban juntas en la playa y compartían confidencias. ¡Y ya es bisabuela!

Casi cuarenta años después de su muerte, aún la echa de menos.

—Era una mujer tan buena, tan elegante, tan inteligente... 

Ocurre que, cuando las que fueron sus amigas me ven, muy de tarde en tarde, es como si se produjese una aparición. No me ven a mí, ven a mi madre y se les saltan las lágrimas. 

Yo me dejo achuchar, que me acaricien, que les invadan los buenos momentos con ella al tenerme a su lado. Dejo de ser yo, para ser ella y me convierto en la mejor prueba de que mi madre está viva. 

En mí.

lunes, julio 01, 2024

Correcto

Todos tenemos muletillas al hablar, más o menos repetidas, que nos distinguen, que nos persiguen, que no admitimos.

—¡Acabas de decirlo de nuevo!

—Ni de coña.

Hay algunas de las que ni siquiera advierto a quien tengo enfrente, porque son tan características de la gente que quiero que me faltaría algo si no se las oyese.

'No sé si me entiendes'.

En cambio hay otras a las que le cojo manía. Tienen mucho que ver con la validación cada vez que comentas algo y el otro te responde con un 'efectivamente'.

La más obsesiva para mí es cuando mi interlocutor asiente con un 'correcto' cada vez que cuento algo, sea lo que sea.

Es hablar con alguien que te está examinando continuamente.

—Correcto.