martes, enero 03, 2017

Débil

Hubo un día crítico en mi vida, de ésos en que uno ve que se le derrumba todo, en que mi hermana Raquel me dijo:

-No te vengas abajo, tú eres muy fuerte.

Y yo le respondí:

-Estoy harto de serlo.

No sé cómo nos vamos encauzando las personas, cuánto cuenta la genética o la sensibilidad, para tomar un rol de autocontrol respecto a nuestras decisiones y las de los demás. No sé en qué momento uno se da cuenta de que no sabe dejarse ir, ni tomar de vez en cuando papeles secundarios en que poder observar el mundo correr sin querer intervenir para modificar el curso de las cosas.

Es probable que nuestros actos nos vayan definiendo y que esa figura que construimos de nosotros mismos a base de gestos nos condene a ser lo que somos, enredados en nuestra propia tela de araña.

Lo cierto es que cada uno de nosotros, en el lado del camino que nos hayamos colocado, vamos instintivamente buscando la felicidad. A mí me gusta ser como soy, tal vez por eso sea así. Ser fuerte, como me reconozco, a pesar del agotamiento que provoca tomar mochilas que no siempre me corresponden; pero no como virtud ni defecto.

Seguramente nadie haga nada gratuitamente y, en el fondo, todos busquemos el reconocimiento a nuestro comportamiento, sea el que sea. Quizás el fuerte lo que sea es un egocéntrico que no busca sino su independencia, tal vez persiga el no apreciar los valores en el otro, a lo mejor el que presume de fortaleza no es sino un desconfiado del mundo que le rodea. Un orgulloso incapaz de creerse digno de ser amado sin más.

No olvido la frase de Milan Kundera en 'La insoportable levedad del ser', envidio al personaje que la pronuncia, me reconozco en aquél a quien se dirige:

''Quiero que seas débil, quiero que seas tan débil como yo''.

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