jueves, julio 17, 2014

Estímulos

Cada vez leo menos, y me jode.

Nuestra generación, la que está pasando del papel a la pantalla, está sirviendo de conejillo de Indias para sí misma en su propia curiosidad por progresar, en estos tiempos en que las armas del conocimiento son imprevisibles y la tecnología acelera como zanahoria provocadora de nuevos comportamientos que afectan al núcleo de la sociedad y de la persona.

Depende del día o del estado de ánimos, vemos esta avalancha de estímulos con optimismo o cerrazón; aunque sí somos conscientes de que no hay marcha atrás, de que los dispositivos que nos rodean y se cuelan entre nuestras conversaciones ya vinieron para quedarse, ganar poder y reducir nuestros espacios vacíos, sea añorable o no ese vacío que ocupa una parte de la existencia.

En ese futuro más o menos próximo en que se analice la reacción humana a esa explosión de la tecnología de la comunicación, seguro que se documentarán con datos precisos enfermedades de nueva generación y tratamientos asociados, de hecho ya existen; pero, además, se observará con distancia cómo de fuerte es el hombre para lidiar con el chorreón de estímulos externos. Si sucumbió la estructura social o mejoró, si nació un nuevo ser humano, si se perdió capacidad de análisis, si el hombre ganó en rapidez mental o perdió en inteligencia, si se volvió más frágil o menos perspicaz.

Es seguramente batalla perdida buscar estratagemas para no sucumbir a esta dulce muerte de los hábitos pasados; aún así soy partidario de encontrarlas, de salir a pasear sin móvil, de forzarme a no mirar emails a determinadas horas, de obligarme al placer de comprar el periódico en papel los fines de semana y entregarme a ellos, de intentar convencer a mi pareja para alternar las noches de tele con las de lectura, de no compartir cada foto maravillosa con el mundo entero.

Hace diez años desayunaba entre semana viendo las noticias tomando corn-flakes en actitud pasiva, hace cinco ya lo hacía buscando titulares con avidez en las principales páginas web de la prensa de medio mundo. Desde hace meses, sin embargo, desayuno lentamente, en silencio, observando el amanecer del horizonte de tejados de mi ciudad.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Estoy de acurdo con lo que dices, no se puede ir en contra del progreso pero tampoco se puede sucumbir a él.
Leí no hace mucho que en Estados Unidos muchas familias han acordado no usar el guasa en lo que llaman the three free spaces: salón, cocina y coche. En definitiva es una manera de poner límites a la esclavitud de la tecnología y de favorecer la comunicación interpersonal. Habría que tomar nota. Saludos.

ANTÍGONAS.