lunes, mayo 13, 2013

Pequeño

Una de las consecuencias de cumplir años, no la más evidente, es el empequeñecimiento del hombre.

Cuando naces a la vida te sientes como una caracola hermosa en la arena de la playa, el mundo soleado se abre ante ti y estás en el centro.

Todo tiene sentido en los años de la adolescencia y juventud, te rebelas contra lo establecido porque la sociedad es fundamentalmente injusta y crees en el poder del cambio de las cosas.

Uno se siente, en esos años, fuerte en su propio cuerpo, que se bate sin problemas con el día a día, le echen lo que le echen.

Con las canas va llegando la asunción de la impotencia para cambiar las cosas, empiezas a entender que tu cuerpo es tu casa, pero también tu cárcel y te das cuenta de la importancia que tiene el que éste funcione bien para ser una persona medianamente feliz.

Comprendes, cada año que pasa, lo diminuto que eres en proporción al inmenso mundo en que naciste, te apercibes de que eres imprescindible para muy poca gente y que el entorno que te rodea, tu ciudad, tu país, tu empresa son demasiado grandes como para que tú representes gran cosa.

Empiezas a entender, porque lo has experimentado, que la vida es un suspiro y tú un grano de arena más en la playa de las caracolas.

La grandeza es entenderlo y disfrutarlo, haber participado en el juego y tener ganas de seguir haciéndolo.

Pequeño.

2 comentarios:

Argax dijo...

Pues teniendo en cuenta que mañana me hago un poquito más pequeño...

Estoy bastante de acuerdo con lo que dices. Para mí, en lo que llevo recorrido, creo que es importante no dejar de creer en el cambio, en cuanto se pierde la fe en el cambio enseguida viene a instalarse la depresión y el desánimo.

Para vivir y para aprender, aquí estamos.

Un abrazo

Alforte dijo...

Tu sensata y certera entrada me ha recordado la cita : "No soy tan joven como para creer que lo sé todo"
Bsote grande