sábado, abril 27, 2013

Exquisitez

Ayer, en un exuberante comienzo de fin de semana, nos acercamos a la Fnac para asistir a la presentación de una nueva novela de un amigo escritor, Jose Luis Ordóñez, quien me dedicó su 'Madera podrida con clavo oxidado' tras una charla simpática en la que nos contó cómo Dona Leon le regaló una novela de Ross McDonald al sorprenderse de que no hubiese leído nada de este autor clave en el género negro.

Tras recibir la dedicatoria me subí a la zona de literatura extranjera para hacerme con algo de este autor estadounidense, siempre dispuesto a aventurarme por nuevos paraísos literarios.

Teníamos una cena programada desde hacía tiempo con mi amiga Bárbara, lo que nos impidió recrearnos entre la música y los libros. La cola para pagar era, afortunadamente, larga. Aún hay gente que se gasta dinero en cintas de vídeo, discos compactos y libros, lo que refuerza el ánimo de quien aún cree en que la cultura es la solución de muchas enfermedades actuales.

Y allí estaba la cajera de la Fnac, chiquitilla y risueña.

-¿Quieres una bolsa?

Le dije que sí. Me preguntó con una sonrisa si quería la tarjeta corporativa, le dije que no quería tarjetas. Me preguntó si quería una taza por un euro. Le sonreí y le respondí que no, sin sentirme apabullado ni molesto por querer venderme objetos o tarjetas que no deseo. Los dos entendíamos nuestros roles.

Le pagué mis dos novelas y con una sonrisa me deseó una preciosa noche de viernes, que luego se confirmó.

Yo a ella también.

Hay ratos en la vida en que todo tiene sentido, en que pasamos por encima de convenciones y de intereses creados tratándonos con exquisitez entre desconocidos.


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